Parábola de un mal hosting

Imagina que vives en un edificio de 10 pisos o niveles.

Hay 20 departamentos en cada uno de esos niveles. Es decir, en total hay 200 departamentos.

Y en cada uno de ellos hay 3 habitaciones. Están pensados para una familia promedio de 4 personas.

Hasta que un día…

A uno de los departamentos llega a vivir Pepe con su mujer y su hijo pequeño. Aún le quedan 2 habitaciones porque los 3 se acomodan en una.

Así que Pepe ve aquí una buena oportunidad de negocio. Rentar el espacio «disponible» a otras familias y compartir gastos.

Primero llega una, luego otra y hasta que acaban 5 familias dentro.

Pepe es un tipo normal con una vida tranquila. Pero una de las otras familias no.

Les gusta la música fuerte y hacen ruido hasta tarde. Así que luego llegan las quejas de los vecinos

Pepe se excusa diciendo que no es su culpa, que él es un tipo tranquilo.

Pero a los vecinos no les importa, al final es el departamento de Pepe y su reputación se empieza a caer al suelo hasta que la situación se hace insostenible.

¿Cómo puede Pepe arreglar este lío?

Pues o se cambia a otro departamento con su familia o corre a sus clientes para recuperar la paz que cambió por dinero.

Siempre le cuento esta historia a mis clientes para explicarles como funciona el hosting para su página web.

En términos simples es un computador donde vive tu página. Osea como un departamento.

Hay muchas ofertas en el mercado y algunas que pueden llegar a ser de menos de 1 dólar al mes.

Pero, Peeeero

Normalmente, esas ofertas son departamentos compartidos donde todo el mundo está colapsando el espacio dentro.

Lo que es peor, la reputación es compartida. 

Entonces uno de los residentes envía correo spam y el correo de todos los demás por muy honestos que sean también sufre lo mismo.

Y eso se traduce en perder ventas y potenciales clientes.

Esa es la pequeña gran diferencia cuando decides a quien pedirle tu web.

Hay gente que no le importan estos detalles y lo único que quiere es tu dinero sin contemplaciones.

Y estamos los que cuidamos los negocios de nuestros clientes tanto como el nuestro.

¿Qué tanto cuidas el tuyo?

¡Nos leemos!

Carlos

PD: Acabo de ayudar a Pepe a cambiarse de departamento y santo remedio.

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